A Jorge M. Taverna Irigoyen por la confianza, por la nobleza, por la amistad.

Apenas una lágrima.

Después llegó el despojo.
Después el mundo tuvo nombre y dueño.
Después,
avergonzadas golondrinas bordaron relicarios amarillos
entre los bastidores donde el viento tensaba la nostalgia.
Después cubrió el sigilo migraciones de crótalos tajantes,
turbas de intolerancia a contrafuria empecinadas en ceder indultos a codicias rastreras como hierbas,
a apetencias compactas.
Después llegó la ausencia,
esa yerma orfandad sin atenuantes que hundía los colmillos impiadosos en la médula intacta del silencio,
en la seca sustancia de la angustia,
en la pulpa del alma.
Y a veces
el espanto derramaba ceniza en los rincones para ocultar los rastros de la muerte
que se alejaba,
ahíta de estertores,
embriagada de coágulos morenos,
largamente saciada...
Sobre el lento exterminio
extendieron murallas los secretos,
sofocaron gemidos moribundos con la complicidad del disimulo
como si nadie nunca hubiera sido testigo de la infamia;
como si nadie nunca
hubiera encadenado los sollozos al tributo fatídico de un hambre que atravesó la piel del desamparo a paso de abandonos compulsivos,
a vuelta de mordaza;
como si nunca nadie hubiera denunciado cicatrices entre las soledades agraviadas por tanta cacería inexcusable,
por tantos espinosos latrocinios,
por tanta empalizada.
Así se delinearon
las duras coordenadas del olvido en esta longitud de la deshonra,
en esta latitud de la desdicha donde la dinastía de la tierra obtuvo sus hilachas;
donde el reino vencido recibió su racimo de escorbuto,
su cuota de sermones desdentados, su alfabeto descalzo, su infortunio,
sus mendrugos de vida a la intemperie,
su urgencia de cucharas.
Así llegó a mi mundo este agreste cuaderno de bitácora
apenas un susurro acongojado desciñendo su voz sobre los nombres,
las fechas, las leyendas, los caminos,
los sueños, la esperanza;
apenas un susurro,
un ademán de pena redentora congregando las voces espectrales que se dejan oír en la alta noche
donde espesos murciélagos de sombra despliegan su acechanza;
apenas un susurro,
una actitud de fraternal congoja por tantas injusticias a destajo,
por tanto apasionado desencuentro,
por tanta hipocresía vindicando la sangre derribada;
apenas un susurro
perdido en la espesura de los tiempos
como en enmarañados laberintos de nocturnas cavernas palpitantes
apenas un desnudo balbuceo...

apenas una lágrima.

Música

Acerca de la autora

Acerca de la autora
Exconvento de los Siete Principes - Casa de la Cultura Oaxaqueña (México) 2004

Biobibliografía

Norma Segades Manias, Santa Fe, Argentina, 1945. Ha escrito *Más allá de las máscaras *El vuelo inhabitado *Mi voz a la deriva *Tiempo de duendes *El amor sin mordazas *Crónica de las huellas *Un muelle en la nostalgia *A espaldas del silencio *Desde otras voces *La memoria encendida * A solas con la sombra *Bitácora del viento *Historias para Tiago y *Pese a todo (CD) En 1999 la Fundación Reconocimiento, inspirada en la trayectoria de la Dra. Alicia Moreau de Justo, le otorgó diploma y medalla nombrándola Alicia por “su actitud de vida” y el Instituto Argentino de la Excelencia (IADE) le hizo entrega del Primer Premio Nacional a la Excelencia Humana por “su meritorio aporte a la cultura”. En el año 2005 fue nombrada Ciudadana Santafesina Destacada por el Honorable Concejo Municipal de la ciudad de Santa Fe “por su talentoso y valioso aporte al arte literario y periodismo cultural y por sus notables antecedentes como escritora en el ámbito local, nacional e internacional”. En 2007 el Poder Ejecutivo Municipal estimó oportuno "reconocer su labor literaria como relevante aporte a la cultura de la ciudad".

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